El saco de café
lunes, 24 de agosto de 2015
Las campanas de las mañanas
Levantarse todos los días a la misma hora, para hacer la misma rutina, desde el silencio de mi casa en la sombra de la mañana, para chocar contra la horda muy ruidosa que deambula por las calles de la capital para llegar a sus resignados lugares de trabajo, se vuelve una experiencia apenas soportable que antes se mitigaba con las luces de las musicales y profundas notas de las campanas, para dar la falsa pero reconfortante sensación de que todo estará bien, al final, hay un destino, hay un sentido y un propósito festivo en las alegras y reverberantes oscilaciones de las campanas vecinas.
Siempre desde pequeño encontraba confort en la certeza que pronto volvería a escuchar ese recordatorio próspero y aislante, que llamaba a soñar, y despegar las ideas del sopor matutino; y trato de explicar lo que de mi niñez me viene, esos destellos atropellados que se entrecortan y arrojan notas borrosas y distorcionadas de lo que en verdad fue y hoy, nunca será.
Entonces porqué será? que yo me pregunto tantas veces de esta obsesión ya lontana, de esta afición casi romántica, inocente, y dormida por las campanas de las mañanas, que me llaman a regresar y despertar de las duras tablas razas que hoy son el olvido.
viernes, 7 de noviembre de 2014
Lejos del norte
Hoy es amargo, hoy es estéril, hoy es ácido e insípido a la vez, no hay paisaje insipirador, ni almuerzo reponedor, no hay descansado reparador ni un amigo a quien llamar.
Hoy es hoy, y nada más, lúgubre y callado en medio del ruido de la nada de esta rabiosa ciudad. La gente que deambula sin parar se mueven sin rumbo válido en esta monotonía que no me deja respirar el espacio, el universo, las estrellas y los sistemas binarios.
El mundo no quiere gente pensante...
En el trabajo, en la escuela, en las cenas, en los eventos sociales, en los espacios comunes de interacción social ordinaria, común y silvestre, el mundo no quiere gente que piense, gente que diga, "no, eso no está bien!" Es malo, de mal gusto, negativo, raro, improductivo y sobre todo nada agradable, pensar diferente... en un país donde la conformidad, la evasión a las confrontaciones, el clientilismo y la complacencia son parte de un lenguaje no escrito, un acuerdo silencioso entre toda su población, quienes confiamos en la expresión libre como nota fundamental de la existencia humana, a veces intentar vivir así es como sostener la respiración todo el día, caminando con un nudo en la garganta a manera de trapo o mordaza mojada, gomosa, cual catarro permanente de flema trancada...
Muchas veces es tristeza lo único que queda después de comprobar reiteradas ocasiones que aquellos a quienes considerabas conocidos/amigos amables, se convierten de una u otra forma en explotadores aprovechados empujando sus intereses por encima del bienestar y trato justo para con sus coterráneos.
martes, 25 de marzo de 2014
Las montañas heladas
De pequeño... Soñaba con el olor del humo de la leña quemada,
corrientes de aire helado que recorrían las mañanas frescas,
siseantes historias del labor en la finca, de la vida llamando,
y el frio insistente suspendido en las hojas verdes haciendo la siesta.
Una mañana desperté, de la ropa seca y la cobija caliente,
y el mundo despertó conmigo abriendo las páginas del roce viviente,
murmullos del trabajo del maíz y la cuajadas,
y los pinos bailando y hablando con la brisa del cerro.
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